ARTICULO EL ORGASMO NO OBJETIVO

EL ORGASMO NO ES EL OBJETIVO

Fuente: Sylvia de Béjar, especialista en sexualidad y relaciones de pareja.

Cuando practicas sexo es probable que tengas un objetivo: alcanzar el orgasmo. Lo cierto es que suele ser nuestra meta, quizás no dicha, quizás no pensada, pero es lo habitual.

Imagínate que vas caminando por un bosque, disfrutando del paisaje, los olores, los sonidos de la naturaleza. Te sientes feliz, completamente feliz, disfrutando del momento. Pero, ¡huy!, me olvidaba, resulta que llevas a un crío a tu lado y a cada cinco pasos te pregunta: “¿Cuánto falta para llegar? ¿Queda mucho? ¿Cuándo llegaremos?” Adiós dicha absoluta, ¿no? Pues así es cómo viven muchas personas, ¡la mayoría!, su vida sexual: perdiéndose lo mejor, empecinadas en comerse la guinda, léase alcanzar el orgasmo, ¡qué, tantas veces, ni siquiera es tan maravilloso!

Sin embargo, ¿qué pasaría si lograr el clímax no fuera la meta? ¿Dirías que el sexo no vale la pena? Claro que no, porque ¿acaso no disfrutarías de los besos, las caricias, los mordiscos, las palabras intercambiadas, los lametones, el morbo, la excitación, los juegos (podría seguir, pero creo que queda claro)?

Existen dos formas de vivir nuestra sexualidad: la primera tiene como objetivo alcanzar el orgasmo y todo lo que se hace busca ese fin. Los besos, las caricias, las palabras… todo, va dirigido a lograrlo. La segunda tiene como objetivo el placer del momento, es decir, los besos se dan para gozar de ellos, las palabras se dicen para disfrutarlas y excitar a quien las oye (y las dice, por supuesto), al igual que las caricias… Todo se hace en presente y con la curiosidad de “a ver a dónde me lleva”. Dicho de otro modo, cada cosa que sucede durante el encuentro es un fin en sí mismo.

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