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Las tres pruebas para saber si eres sexualmente incompatible con alguien

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RITA ABUNDANCIA | 18 ABRIL, 2017

Las divergencias eróticas, la forma de entender y disfrutar del sexo pueden llegar a ser tan irreconciliables como las de un votante de Donald Trump y uno de los verdes.

Libidos amigables

Las diferencias de deseo pueden ajustarse, se puede llegar a acuerdos, hay que recurrir al autoerotismo como herramienta de autosatisfacción, también en la pareja, y se debería ser capaz de manejar los desajustes de deseo temporales o momentáneos, debidos a una enfermedad o al ingreso en una nueva etapa de la vida como, por ejemplo, la madurez o la menopausia. Sin embargo, puede ser muy difícil, y hasta imposible, hacer que dos libidos inicialmente distintas convivan y sean felices, algo que casi siempre da lugar a malinterpretaciones: “ya no me desea”, cuando en realidad es que su nivel de deseo siempre ha sido bajo, exceptuando la efímera fase de enamoramiento. Créanme, las libidos suelen ser muy tercas y perseverantes en sus ideales.

Conviene estar de acuerdo en conceptos como la monogamia e infidelidad

Según Rotella, “la pareja tiene que ser una construcción personal y única, a partir de las necesidades y deseo de sus integrantes. Dentro de esta creación entra también el concepto propio de fidelidad. Podemos diseñar un modelo basado en el, hasta ahora, existente o gestionar de forma diferente el deseo erótico hacia otras personas, basado en jugar al placer y no al amor. Algunas parejas permiten ciertos flirteos o relaciones puntales con otros, sin que eso suponga un agravio; mientras otras, no pueden siquiera vislumbrar esta posibilidad. Este capítulo es otro de los roces habituales de la relación y muchas veces la causa de su ruptura, por eso es importante tener una visión similar respecto al tema, aunque luego pueda cambiar con los años o las experiencias”.

 

Y, por pedir, que haya gustos sexuales similares

“El sexo está revestido de gravedad y seriedad”, cuenta Iván Rotella, “cuando debería ser algo lúdico y hedonista. Cuando lo abordamos desde esta perspectiva las cosas cambian y nos atrevemos más a probar y a expresar nuestros deseos, porque todo es menos determinista, menos trascendente. Es muy difícil que dos personas coincidan exactamente en sus gustos y preferencias eróticas, pero la solución está en ser abierto a probar nuevas cosas. Hay personas incapaces de trasmitir al otro lo que le gusta, sus fantasías, pero lo deseable en una relación es sentir y hacer sentir al otro. Si los gustos son muy dispares o irreconciliables puede ser un problema, pero antes hay que intentar ser flexibles y abiertos y enseñar al otro, a su propio ritmo. Entonces, la diferencia de paladares, en vez de suponer un obstáculo, puede llevarnos a probar sabores totalmente nuevos para nosotros”.

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