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Por qué el sexo rápido es muy recomendable

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Rita Abundancia. 26 de enero de 2017

En defensa del “aquí te pillo aquí te mato” o por qué el sexo rápido es muy recomendable
El quickie reivindica su valiosa función de añadir espontaneidad, sorpresa, transgresión y cotidianeidad a la vida sexual.

Años de filosofía tántrica, obsesión con los preliminares, masajes eróticos, velas y atmósferas adecuadas han creado una cierta aversión popular al quickie. Hemos empoderado tanto al sexo durante las últimas décadas que éste se ha convertido en un ritual, en un acto trascendente, en la prueba de fuego de que somos hombres y mujeres liberados, aventureros, sin prejuicios y experimentados. La sexualidad se ha vuelto tan exigente que solo nos atrevemos a plantarle cara cuando estamos convenientemente arreglados, depilados, perfumados, vestidos o desvestidos para la ocasión y, claro, como eso rara vez ocurre los encuentros se van espaciando y convirtiendo en fechas señaladas, en eventos a recordar, en actos extraordinarios y no cotidianos.

Nuestro deseo es tan débil que cualquier excusa es válida para aplazar el momento de ejercitarlo y el tiempo es una de las más esgrimidas y rotundas. “Es que para hacer algo a prisa y corriendo, prefiero no hacerlo”, argumentan muchos inmersos, sin embargo, en una vida rodeada de atajos, comida rápida; amistades digitales, porque las horas no llegan para quedar con las otras, y conversaciones transcriptas, a contrarreloj, al whatsapp.

Sin embargo, el sexo rápido tiene también sus partidarios. Sorprendentemente para muchos, las mujeres son muchas de ellas, según se desprende de una investigación reciente en la que participaron 500 personas de ambos sexos, que respondieron a un cuestionario sobre excitación y preferencias sexuales. Según el estudio, para el 50,2% de los encuestados lo ideal en una relación sexual es que haya una alternancia en el ritmo; pero si hay que elegir entre las dos velocidades, un 30,7 % de las mujeres prefieren el sexo rápido para la mayoría o para más de la mitad de sus encuentros, frente a un 20% de los hombres a los que les gusta pisar el acelerador. El fast sex, según este experimento, está asociado a personas por debajo de los 35 años y del sexo femenino; mientras que el lento se relaciona más con mayores de 35, independientemente del género, aunque con más hombres que mujeres. Otro dato chocante de este estudio es que se ha encontrado un nexo de unión entre el slow sex y las relaciones poco satisfactorias. Y esto puede tener dos lecturas; primera: la mayoría identifica pasión con velocidad, con arrancarle la ropa a alguien sin esperar ni siquiera a llegar a la habitación. Segunda: la gente prolonga las relaciones sexuales, más de lo necesario, con partenairs que les disgustan debido a la inherente vocación sufridora y masoquista de la raza humana. Hipótesis que también explicaría los resultados electorales del 2016 a lo largo y ancho del globo.

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